La mirada de Malú: Experimento Nº 19 “El cambio de look” (parte I)

By at junio 29, 2012 | 12:46 | Print

La mirada de Malú: Experimento Nº 19 “El cambio de look” (parte I)

La mirada de Malú

Experimento nº 19: “El cambio de look” (Parte I)

by maría de la Luz Elena Luco

 

 

Me encantan los días de lluvia. Desde que era una niña siempre me han gustado. Ese olor a tierra mojada, el viento en la cara si estás en el sur, el ruido del agua cayendo gota a gota sobre el cemento. Una linda postal de Santiago sin contaminación y con una cordillera maravillosa. Recuerdo aquellos inviernos en La Parva junto a la Maruja y el grupo de amigas y compañeras del Villa María. Sin duda grandes momentos. Pero ahora llevo en los brazos otra vida, una muy distinta a la de aquellos tiempos de paseos nevados, de lujos y desilusiones… y muchas otras más!

Junto mi calefactor eléctrico marca “oing” que compré en el líder de Matucana con San Pablo a seis lucas, mi inseparable Mac Pro sintonizado en radio Paula FM (me encanta cuando tocan a PJ Harvey), mis cortinas de raso indias, mi set de cojines y toda la onda que rodea a mi monono departamento, comencé con una evaluación de estos cinco meses experimentando una nueva vida, una vida C3 o C2 o como quieran llamarla. En estos meses me ha pasado de todo: casi me llevan presa tras la toma en la okupa educacional, una prostituta irrumpió en mi casa para pegarme, y si no es por su otra compañera lo hace. Finalmente terminamos siendo amigas. My best friend now in Matucana neighborhood es la Sofi, una deslenguada muchacha que pesa el pan en una panificadora por aquí cerca. He visitado lugares a lo que nunca imaginé ir como “El Hoyo”, casi me meto a la cama con un jovenzuelo, he salido a recorrer construcciones para que me piropeen, mi papá casi muere en un accidente y gracias a esa tragedia he recuperado la relación de cariño con mis padres.

Me ha pasado de todo y en muy poco tiempo. Recuerdo algunas otras cosas que prefiero olvidar (como el episodio en mi depa. con mi abuela Consolata).  La verdad es que  hasta hace poco no sabía si todo esto estaba resultando, si de verdad estaba cambiando mi forma de ser, de hablar, mi semblante distinto al resto (lo noto en la calle cuando me quedan mirando como si fuera una extranjera). He llorado mucho, aunque ustedes no lo crean, encerrada en la inmensidad de este pequeño departamento, tan grande todos los días producto de la soledad que embarga mi mirada femenina. ¿Son estos ojos de color y el pelo rojizo los que impiden mis anhelos?

Todos estos pensamientos los metí a una juguera y el resultado fue más que satisfactorio. Los cambios tan profundos como este se sienten desde dentro. No son parte de una apariencia vulgar y sin importancia. Como dicen por ahí “aunque la mona se vista de seda, mona queda”. Y quienes usan este refrán a menudo puede que tengan la razón. Aplicando esta palabras a mi caso, yo soy y seré siempre una cuica de mierda frente a los ojos de los demás. Pero la ventaja es que si alguien habla conmigo, se dará cuenta que solo lo soy en apariencia y no en la profundidad de mi ser.

He aprendido a comprender, relacionar, mirar de manera constructiva y no crítica. Me he sacado el asco a la rotería de encima (y eso ya es bastante). He liberado los prejuicios y he aprendido a querer a personas que antes hubiera rechazada. La altanería nunca ha sido una característica en mi, pero debo confesar que cada vez que una de mis cuicas amigas humilló a alguien por su forma de vestir, hablar, o por lo chulo de los productos de belleza que usaba en su rostro, nunca hice o dije nada. Hoy, esa Malú, ya no existe.

-       Sofi. Voy a entrar a segunda fase de mi experimento social

-       Ahhh! – me contestó.

-       Ya poh lesa!!! Pon atención!!! – le contesté enérgica.

-       Ahyyyy!! Que te poní pesá huenoa!!! – me dijo la pendeja.

-       ¿Cómo que pesá? Si esta ahí como hueona mirando por la ventana.

-       Es que el Emilio está muy rico!!! – me contestó la calentona.

-       ¿Cuál Emilio? – pregunté.

-       El que descarga las coca-colas del camión los martes, jueves y sábados en la fuente de soda del viejo Augusto acá al frente.

La fuente de soda del viejo Augusto era el local comercial de comida rápida y refugio de borrachines locales de Don Armando López, un viejujo (como diría la Sofi) más pinochetista que la con… Hace un tiempo fuimos a comernos una especie de completo con carne dentro llamado “AS” con unas bebidas. El lugar tiene un aspecto muy decadente, como si hubiese quedado atrapado en 1983. De hecho el calendario de la Bolocco aún está colgado en una de las paredes y abunda el merchandising kitsch con marcas como “Free”, por ejemplo.

En una ocasión se me ocurrió ponerme a hablar con este señor sobre las marchas estudiantiles que pasan por Alameda, a escasas cuadras de su local y de mi departamento.

-       ¡Esos bandidos, encapuchados de mierda, dejan puras cagadas, son puros hueones upelientos de mierda, hediondos, zánganos que quieren todo gratis! Si mi general estuviera vivo los mandaría a todos a acribillar y luego al helicóptero y después…

-       ¿Después a dónde don Armando? – le pregunté.

-       Al mar pues mijita!!!!! Al mar!!! Para que se los coman los jureles.

No soy de izquierda ni de derecha (aunque tengo una historia que contarles respecto a eso que amerita un capítulo entero), pero de verdad creo que este caballero se quedó en el pasado y su odio no lo ha dejado avanzar en la vida. Por algo su local expele ese olor a anacronismo impregnado en paredes sillas, mesas, etc; y por su puesto, impregnado en su decadente discurso político – social.

-       ¡Ya poh Sofi, péscame! – le dije.

-       ¿Qué querís? – me contestó.

-       Se dice “qué quieres”. Oye. Quiero cambiar mi look – le dije.

-       Ahora sí que nos estamos entendiendo – me dijo la Sofi sin que yo no pudiera evitar sentir un escalofrío que recorrió toda mi espalda.

Creo que en otras ocasiones se los he comentado. La Sofi no es fea, pero es la reina del mal gusto. Se pinta demasiado, se tiñe rubio Mirella, se depila demasiado las cejas y, aunque le he dado muchos consejos que la han hecho verse mejor, sigue aún esforzándose por verse mal.

-       ¿Qué quieres hacerte Malucita? – me preguntó mientras sacaba el catálogo Avon de la cartera.

-       Me voy a cortar el pelo. No sé si melena o garzón. Me teñiré negro o castaño oscuro y me alisaré para terminar con los rulos. Además quiero comprar lentes de contacto cafés o negros. La idea es parecer más normal y…

-       HUAAAAAAAAA JAJAJAJAJAJAJAJA!!!!

-       ¿De qué te ríes? – pregunté mientras esta otra aún se sorbeteaba los mocos producto del supuesto chiste que había dicho.

-       Hay Malú, ¿qué ideas tienes? ¿Para qué quieres hacer todo eso? Eres estupenda!!! Cualquier mujer quisiera tener tu ojos y ese pelo largo colorín ondulado. Eres flaca y más encima educadita. Si las tenís todas hueona. ¡Tay puro hueiando! – me contestó.

-       Cuando camino por la calle siento que la gente me mira, que me ve como una extraña – le dije.

-       Sí tontorrona! Pero después se dan vuelta para comentar lo linda que eres. Las más envidiosas de más que te pelan porque quisieran verse como tu.

-       ¿En serio? – pregunté.

-       Si poh! – me dijo.

-       No te creo Sofi.

-       ¿En serio? Ven! Te lo voy a demostrar. Anda a emperifollarte mientras yo me pinto y bajemos juntas donde el viejo Augusto antes que se vaya el Emilio.

-       ¿Qué tienes en mente Sofi?

-       Ya verás…

Continuará.

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